Lorena Grande se estrena hoy como costalera. “Es algo que siempre me había llamado la atención, pero que por miedo o timidez nunca me había atrevido”, reconoce. También lo hace Raúl Delgado. “Me daba lástima que este año no fuesen a salir”, asegura con su costal bajo el brazo. Grande y Delgado son dos de los 18 voluntarios que han respondido al llamamiento que, hace unos días, hizo una de las dos hermandades de la localidad sevillana de Villanueva del Río y Minas (de unos 5.000 habitantes) ante la falta de personal para procesionar este Viernes Santo. “La respuesta ha sido abrumadora, pero aún necesitamos más gente”, asegura el hermano mayor del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima de los Dolores, Alberto Jiménez, quien añade que han recibido entre 60 y 70 llamadas, incluso, desde Madrid y Galicia.

“Cada paso necesita 24 costaleros, pero los relevos son fundamentales. Es un recorrido de seis horas, el pueblo tiene muchas cuestas… El objetivo es contar con 30 personas para cada paso”

La cofradía, una de las pioneras en incluir cuadrillas mixtas en la provincia, lanzó la semana pasada un mensaje de auxilio para evitar que sus dos titulares se quedaran esta Semana Santa en el templo. “En los últimos años, siempre habíamos ido justitos de gente, pero nunca hasta este límite. Sin los costaleros suficientes no podemos salir, antes de nada, está la salud de nuestros compañeros”, asegura Jiménez. Hace una semana, la hermandad solo contaba con poco más de la mitad del personal necesario. Hoy, al menos, tienen cubiertas todas las trabajaderas. “Cada paso necesita 24 costaleros, pero los relevos son fundamentales. Es un recorrido de seis horas, el pueblo tiene muchas cuestas,… El objetivo es contar con 30 personas para cada paso”, asegura el hermano mayor, quien señala que en estos días se han ido sumando voluntarios de municipios cercanos como Tocina o Carmona y de Sevilla capital. Los únicos requisitos para salir son lucir zapatillas negras y ser mayor de edad, o contar con la autorización de los padres.
En la casa hermandad, los veteranos ayudan a los nuevos a fajarse. También a colocarse el costal. Toca realizar el primer ensayo del paso del Cristo con los voluntarios. “Lo importante es que no perdáis la ilusión y las ganas. Las agujetas apenas se notan”, les aconseja a los nuevos Lorena Olea, quien lleva 13 años como costalera. Mientras calzan la cruz al paso, el capataz Juan María Solís les entrega una estampida de la hermandad con el calendario de ensayos y una pulsera en la que se lee La fe mueve montañas. “Os queremos dar las gracias a todos. Queremos que os sintáis a gusto y si tenéis algún problema que nos lo digáis con toda confianza. De nuevo, muchas gracias”, grita Solís minutos antes de hacer la primera llamada. “Lo importante es que la gente no se aburra y que siga con nosotros, que venga a los ensayos y que se comprometa”, añade el capataz del paso de palio Federico López.

Un compromiso que este año es más necesario si cabe. El próximo 8 de diciembre, la hermandad cumplirá 75 años. “La cofradía fue fundada por una empresa de minería en el año 42. En aquel entonces, obligaba a sus trabajadores a que sacaran los pasos y, a cambio, les daban una cajetilla de tabaco y una botella de vino”, recuerda Jiménez, quien asegura que la hermandad no tiene presupuesto para contratar costaleros en caso de que no aparezcan más voluntarios. “Todos los años llegamos justitos, hacemos rifas, comidas…, pero no nos da para más”, dice. Según fuentes del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, el pago a costaleros se dejó de hacer en la provincia hace unos 30 años y que, desde entonces, son los propios hermanos los que sacan los pasos. Dichas fuentes precisan que la hermandad de Santa Marta es la única que, por tradición, sigue pagando a sus costaleros, quienes después entregan el dinero a la bolsa de caridad de la cofradía.

“El problema no es otro que generacional. Durante años, hemos tenido a gente muy volcada con la cofradía, pero ahora la juventud está en otras cosas, no les interesa implicarse, se han ido fuera,…”, señala el teniente de hermano mayor, Óscar López. “El problema también ha sido que no se ha cuidado a los costaleros”, apunta Jiménez. “Cuando llegué había como 40 mujeres, pero poco a poco se fueron marchando, algunas se quedaron embarazadas, otras se fueron del pueblo… Solo quedábamos cuatro”, señala Lorena Olea. Una cifra que también ha crecido tras el llamamiento. La hermandad ya suma una decena de costaleras. “Siempre he tenido devoción por la hermandad, pero al ser menor de edad mis padres no me dejaban. Ahora, que tengo 18 años, no me lo he pensado”, asegura Jessica Cedrán. “Vivo en Sevilla, pero mi familia es de aquí, y cuando me enteré de que hacía falta, me apunté. Siempre me había llamado la atención”, añade María Morales.